Redacción En-Off
En teoría, los mercados funcionan como una gran feria: muchos vendedores, muchos compradores, todos compitiendo libremente, y los precios se ajustan solos según la oferta y la demanda. Esa es la promesa de la economía de mercado.
Pero en Chile, las cosas rara vez son tan simples.
Cuando un grupo pequeño controla las reglas del juego, aparecen las distorsiones de mercado. Estas son situaciones donde el precio final deja de reflejar el valor real de las cosas porque alguien tiene más poder que el resto para imponerlo.
Tipos de distorsiones más comunes
- Monopolios y oligopolios: Ocurren cuando muy pocos venden un producto o servicio, por ejemplo, si solo tres empresas controlan toda la venta de gas en un país, pueden subir los precios sin que los consumidores tengan alternativa.
- Monopsonios y oligopsonios: se dan cuando muy pocos compran y muchos venden. Por ejemplo, agricultores que venden su producción a un puñado de supermercados o agroindustrias. Ellos ponen el precio, no el productor, porque si no vende al precio impuesto, se queda sin comprador.
- Barreras artificiales: Impuestos, subsidios mal diseñados o regulaciones que favorecen a unos sobre otros también generan distorsiones. Por ejemplo, si un producto importado recibe beneficios tributarios mientras el local paga más costos, el precio final engaña al consumidor y castiga al productor nacional.
- Especulación y acaparamiento: Cuando algunos actores retienen productos para provocar escasez artificial y subir los precios. Ocurre con alimentos, combustibles e incluso viviendas.
Cómo afectan a la gente
Las distorsiones de mercado no son un problema solo para economistas, porque sus efectos se sienten en la vida cotidiana:
- Precios injustos: el consumidor paga más de lo que debería.
- Ingresos precarios para productores: agricultores o emprendedores reciben menos por su trabajo.
- Pueblos que se vacían: cuando la producción local deja de ser rentable, la gente migra a las ciudades.
- Menos competencia, menos innovación: si siempre ganan los mismos, no hay incentivo para mejorar productos ni precios.
En resumen, las distorsiones de mercado concentran riqueza en pocos y reparten pérdidas en muchos. Afectan tu bolsillo cuando compras, afectan al productor que vende y, al final, afectan a la economía completa. Cuidar el modelo es un deber del Gobierno y del Congreso. No basta con decirlo: hay que legislar para evitar los abusos de posición dominante, la concentración, la integración vertical y las colusiones. Eso es verdadero libre mercado.