Han transcurrido 76 años desde le primera aparición de Condorito, uno de los iconos de la cultura popular de Chile. La emblemática caricatura apareció el viernes 6 de agosto de 1949 en la revista “Okey”, resultado de la imaginación creativa y el enorme talento de René Ríos Boettiger, “Pepo”. Ha perdurado por generaciones y se internacionalizó por toda América Latina.
Un notable libro de Luis Yáñez Morales, que se titula “Pepo es de Conce”, en alusión a los orígenes penquistas del creador, detalla la génesis de un hecho fundamental del universo de ficción de Condorito: la frase “Muera el Roto Quezada”, que aparecía desde los primeros tiempos en la historieta junto a la silueta de un ahorcado. Según anota Yáñez apareció por primera vez poco menos de un año antes de su estreno en sociedad, en la Revista “Okey” del 22 de julio de 1950, con la frase “Abajo Quezada”, y continuó apareciendo hasta inicios de los años 80, ya en la etapa de revistas independientes del personaje.
Al respecto, el trabajo recoge una entrevista de Ríos al diario “El Mercurio” en 1975: “Fue una oportunidad (1949) en que salimos a comer a un Club (el Club Militar ubicado en el Palacio Ariztía de Santiago) con mi señora (Olivia) y mi cuñada (Alice) y en un momento en que estas fueron al baño, desapareció la cartera de mi mujer. Nos fuimos y la dejamos encargada. Días después volvimos al mismo lugar y apareció un mozo con la cartera, pero… desocupada. Esto fue lo que más me indignó y pedí hablar con el gerente. Era un señor Quezada, quien –aparte de citarnos para no sé cuántos días después y de hacernos esperar más de una hora– nos dice que poco crédito me da, porque este es un truco muy conocido de cierto tipo de mujerzuelas (…) No pude más que tirarme encima, pero el acompañante de mi cuñada me atajó”.
Asimismo, en el libro “Caricaturas de Ayer y Hoy” de Luisa Ulibarri, publicado en noviembre de 1972 por la Editorial Nacional Quimantú se refirió a lo que denominó una “historia desagradable”. Dijo: “El roto Quezada era un funcionario del Casino del Club Militar. Un día fuimos a comer allí con mi mujer y este hombre la insultó. Hubo un incidente muy bochornoso, y desde ese momento decidí vengarme de él”, con la frase “Muera el roto Quezada”.
Rememoró: “Recuerdo que una vez llegó a mi oficina un conocido de ambos y me dijo que don Washington Quezada había muerto. Que no siguiera molestando. Yo por respeto decidí borrarlo un tiempo, pero cuando me enteré que este diablo estaba vivito y coleando, arremetí. Por un amigo supe que lo habían trasladado al Hospital Militar, a cargo de la alimentación de los enfermos. Coincidió esto con la época en que desapareció la carne en el hospital. Entonces reinicié mi descarga contra el ‘roto’, titulando en grandes letras en ‘El Hocicón’, diario pobre pero honrado, que el ‘roto’ se había comido toda la carne de los enfermos”.
En el Palacio Ariztía de la Alameda funcionaba el Club Militar del Ejército, y quien estaba a cargo como administrador era el Mayor Washington Quezada Carranza, quien pasó a retiro con el grado de Coronel. La venganza de Pepo no sólo fue la aparición de la frase antes consignada en las páginas de Condorito, sino otras similares como “Quezada Felón” y “Cloteó el roto Quezada”. El perro mascota del personaje, por otra parte, fue bautizado como “Washington”, por el nombre del oficial castrense.
Para su libro, Luis Yáñez entrevistó a Osvaldo Pizarro Quezada, Defensor Regional del Biobío y nieto del coronel Washington Quezada. Además de introducir matices y puntualizaciones al relato de Pepo, agregó antecedentes desconocidos del episodio: “Tenemos información que, en el gobierno militar, el general (Augusto) Pinochet le habría prohibido a Pepo que publicara (…) la frase Muera el Roto Quezada junto al dibujo del ‘ahorcadito’, pues esto afectaba la honra y honor del Ejército al vincularlo a un coronel en retiro”. Cuenta Yáñez: “Un díscolo Pepo solo habría aceptado eliminar al ahorcadito, pero no la ya famosa frase de sus historietas”.
El ahora Defensor Regional reflexionó: “Pepo, así como mi abuelo… es un personaje de la historia de Chile y debe tener un reconocimiento por parte de los chilenos, porque es parte de la historia”.
El Palacio Ariztía es un inmueble de estilo neoclásico francés, cuyo arquitecto fue Alberto Cruz Montt, quien lo diseñó en 1917 para ser el hogar del empresario Rafael Ariztía Lyon, diputado y senador del Partido Conservador, y alcalde de Viña del Mar. El propietario del inmueble falleció el 13 de enero de 1929, y su viuda Teresa Brown lo vendió al comerciante Armando Manni Fernández, quien no pudo pagarlo después de la llamada “Gran Depresión” y lo tuvo que devolver a su dueña. El próximo comprador fue el empresario Gustavo Ross Santa María, que fue Ministro de Hacienda del Presidente Arturo Alessandri Palma y fue candidato presidencial en 1938, siendo derrotado por Pedro Aguirre Cerda.
En esas circunstancias, Ross vendió el Palacio Ariztía al Ejército que lo destinó a Club Militar. Es decir, había transcurrido una década cuando ocurrieron los acontecimientos descritos que contribuyeron al universo del probablemente más importante personaje de ficción de la historia contemporánea de Chile.
Por Víctor Osorio. El autor es periodista.