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Economía sin impulso: entre la herencia de Boric y el manejo bajo presión de Kast

Equipo En-Off | Economía

Chile enfrenta un escenario económico sin un impulso claro, marcado por el deterioro de expectativas heredado del ciclo anterior y un manejo actual que, aunque técnicamente responsable, ha evidenciado dificultades para sostenerse políticamente.

La economía nacional no enfrenta hoy una crisis abierta, pero tampoco un proceso de recuperación claro. Se mueve en una zona intermedia, incómoda, donde el principal desafío no es corregir un colapso, sino recuperar dinamismo en un entorno cada vez más exigente.

Ese es el escenario que enfrenta el gobierno de José Antonio Kast.

La herencia: una economía que perdió tracción

Parte importante del cuadro actual no puede entenderse sin mirar el ciclo anterior. La administración de Gabriel Boric dejó una economía sin impulso, marcada por señales contradictorias y decisiones que, en más de una ocasión, tensionaron innecesariamente la inversión.

No se trató de un colapso macroeconómico, pero sí de algo más sutil y persistente: deterioro de expectativas, incertidumbre regulatoria y debilitamiento del clima de inversión.

El resultado fue una economía que dejó de crecer con fuerza y que quedó más expuesta a shocks externos. Una pérdida de tracción cuyos efectos siguen condicionando el presente.

Un mundo en tensión persistente

El entorno internacional tampoco ofrece alivio. No hay una crisis única que ordene el escenario, pero sí una suma de tensiones que operan de manera simultánea: mercados energéticos sensibles a eventos geopolíticos; presión sostenida en los precios de alimentos e insumos agrícolas y fragmentación del comercio global.

No es una crisis que estalla, pero sí una que se instala. Y eso implica un dato clave: costos más altos, mayor volatilidad y menor capacidad de estabilización.

Manejo actual: responsabilidad económica, debilidad política

En este contexto, el gobierno ha optado por una conducción económicamente responsable en ciertos ámbitos. La decisión de traspasar a los consumidores el alza en el precio de los combustibles es, desde el punto de vista técnico, consistente con la necesidad de evitar distorsiones y presiones fiscales adicionales.

Sin embargo, esa misma decisión expuso una debilidad evidente: la falta de sensibilidad política y de manejo del impacto social.

En economías tensionadas, no basta con tomar decisiones correctas. Es necesario gestionarlas. Y en este caso, el gobierno mostró dificultades para anticipar el costo político de la medida, comunicarla adecuadamente y contener sus efectos.

El resultado fue una señal ambigua: responsabilidad económica en lo técnico, pero fragilidad en lo político.

El problema de fondo: la falta de impulso

Más allá de episodios puntuales, el desafío central sigue siendo el mismo, la economía no despega: la inversión no muestra un repunte claro, el consumo se mantiene contenido y sectores relevantes siguen operando bajo su potencial.

La estabilidad macroeconómica se sostiene, pero no se traduce en crecimiento. Y sin crecimiento, cualquier tensión externa se vuelve más difícil de absorber.

Un equilibrio frágil

La síntesis es exigente para cualquier gobierno. Chile no está en crisis, pero tampoco en expansión. Está en un punto de equilibrio inestable, donde convergen una herencia que debilitó el dinamismo, un entorno internacional tensionado y una conducción que aún no logra consolidar una narrativa económica convincente.

En ese escenario, el desafío no es solo evitar errores. Es demostrar capacidad de gestión en condiciones adversas.

Y eso no se mide solo en decisiones técnicas, sino en la capacidad de sostenerlas políticamente.