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MADE: cuando la economía también es territorio

Por Pedro Herrera | OPINIÓN

El surgimiento de la Agencia de Desarrollo Mapuche (MADE) no es un gesto simbólico. Es una señal. Durante décadas, la discusión sobre el mundo mapuche se ha concentrado en el conflicto, la restitución y la seguridad. Mucho menos se ha hablado de algo igual de relevante: su lugar en la economía.

Y ahí está el punto.

El pueblo mapuche suma a su reconocimiento cultural y político, la participación en la economía en sus propios términos.

Desde el kimün —el conocimiento mapuche— la economía se entiende como un sistema de relaciones donde el equilibrio con la ñuke mapu, la madre tierra, define las condiciones del desarrollo. No es una forma o mirada romántica sino una forma distinta de organizar la producción, el uso del territorio y la relación con los recursos.

MADE intenta traducir esa visión en una estructura concreta.

Se trata de una organización. Es construir institucionalidad económica propia, capaz de dialogar con el mercado, sin disolverse en él. Por eso articula equipos técnicos —finanzas, tecnología, diseño, comunicación— con un objetivo claro: transformar una cosmovisión en herramientas operativas.

La propuesta se expresa en el modelo “Mapu-Gvlmen”, que pone en el centro la administración consciente de los recursos territoriales. Bajo esta lógica, los territorios entre Biobío y Guaitecas dejan de ser sólo espacios de explotación productiva y pasan a entenderse como sistemas estratégicos.

Eso tiene implicancias concretas.

Energía, alimentos y uso del suelo aparecen como sectores donde el mundo mapuche quiere ser actor tomando decisiones sobre lo que se vaya a construir como beneficios.

El diagnóstico que sustenta esta propuesta es directo. Durante años, capitales internacionales han financiado proyectos en el sur de Chile sin una integración real con las comunidades locales. El resultado ha sido una relación desequilibrada: crecimiento económico por un lado, deterioro territorial y social por otro.

MADE propone alterar esa ecuación.

La idea de un sello de calidad basado en compromiso con el territorio apunta precisamente a eso: establecer condiciones para una participación distinta, donde la inversión se mida en rentabilidad y su relación con el entorno.

La Primera Cumbre Económica Mapuche AZKINTULEAYIÑ 2025, realizada en Cabrero, fue un primer paso en esa dirección. Un evento para comenzar a ordenar una conversación que hasta ahora ha estado fragmentada.

Lo que está en juego no es menor. La creación de una nueva institución para disputar espacios en la economía. Y en ese sentido, MADE plantea una pregunta que va más allá del mundo mapuche: ¿Es posible crecer sin romper el vínculo con el territorio?

Responderla implica algo más que políticas públicas. Implica redefinir cómo entendemos el desarrollo.