Por Marcelo Soto | ANÁLISIS
El Gobierno asegura que inició gestiones para diversificar el abastecimiento de fertilizantes, incluyendo compras a Bolivia y contactos con Argelia. Sin embargo, la disponibilidad efectiva es acotada, los tiempos de reposición son largos y factores de mercado y geopolíticos condicionan su impacto en la crisis agrícola.
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La posibilidad de importar urea desde Bolivia empezó a instalarse esta semana como una de las salidas que evalúa el Gobierno para enfrentar la presión sobre el precio y la escasez de fertilizantes.
El tema apareció de manera explícita en la Comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados, donde el subsecretario de Agricultura, Francesco Venecian, confirmó que “ya se hizo ciertos acercamientos con Argelia, con Bolivia, que son países que tienen también producción de fertilizantes, y estamos viendo cómo poder incorporar un nuevo proveedor para evitar estos riesgos”.
La frase tiene peso político, pero también abre una pregunta económica de fondo: ¿cuánto pueden realmente aportar estas alternativas al abastecimiento nacional en medio de una crisis global?
Bolivia: opción real, pero de alcance limitado
En el caso boliviano, la señal oficial tiene un sustento concreto. Sin embargo, esa misma vía tiene límites claros.
Un economista ligado a la industria energética boliviana, que trabaja en YPFB y que pidió reserva de su nombre, lo resume con realismo: “Difícil que haya capacidad para venderle urea a Chile. Casi todo se lo llevan Brasil y Argentina. Lo que se le podría vender a Chile sería muy marginal y de excedentes que sobren, pero por la capacidad de producción, yo tengo dudas”.
La cuña refleja lo que ya se observa a nivel de mercado: Bolivia tiene producción, pero no necesariamente disponibilidad.
Incluso, la propia presentación en la comisión muestra un escenario estrecho. ODEPA informó que las importaciones de urea alcanzan “aproximadamente 76.618 toneladas” a la fecha, mientras que el precio a distribuidor nacional ha subido “50,7%” en comparación anual. El subsecretario, en tanto, elevó el diagnóstico: “un 107% de incremento anual en el valor de la urea”.
En ese contexto, Bolivia aparece como una alternativa posible, pero acotada en volumen y capacidad de impacto.
Argelia: capacidad existe, pero no es una vía simple
La otra alternativa mencionada por el subsecretario es Argelia. A diferencia de Bolivia, aquí el problema no es la falta de producción. Argelia es un exportador relevante de fertilizantes nitrogenados a nivel global, con capacidad para abastecer grandes mercados.
Pero eso no la convierte automáticamente en una solución viable para Chile en el corto plazo.
El primer factor es de mercado: en un escenario internacional tensionado por la energía y la logística, los grandes productores priorizan destinos de escala y relaciones comerciales consolidadas. Chile compite por ese suministro con economías más grandes y cercanas.
El segundo factor es logístico. A diferencia de mercados regionales, la importación desde el norte de África implica mayores costos, tiempos de tránsito y riesgos asociados a rutas marítimas hoy más sensibles.
Y el tercero, menos visible, pero no menor, es geopolítico. Según José Santelices, periodista y analista político de Vector 360°, «la relación entre Argelia y Marruecos, marcada por el conflicto del Sáhara Occidental, sigue siendo un eje estructural de la política exterior de ambos países». En ese contexto, agrega que «Existe un factor geopolítico potencial: la histórica rivalidad entre Argelia y Marruecos, que en algunos casos puede influir en las relaciones comerciales». Si bien no existe evidencia de un veto argelino a Chile, pero sí estamos frente a un contexto donde las afinidades políticas pueden influir en la prioridad o disposición comercial.
En otras palabras: Argelia puede vender. Pero no necesariamente en condiciones rápidas, preferentes o suficientes para resolver el problema nacional.
El reconocimiento del propio Gobierno
Más allá de las alternativas externas, el propio Ejecutivo ha sido claro en el diagnóstico. “Hoy día el mercado local maneja fertilizantes, el problema es que los maneja a un costo muy por sobre los que manejaba el sector agrícola la temporada pasada”, señaló el subsecretario. Y agregó un dato clave: “cualquier abastecimiento nacional de fertilizante son al menos dos meses para que el producto esté en nuestras bodegas en Chile”.
Ese desfase es crítico. Porque implica que cualquier solución, Bolivia, Argelia u otra, llega tarde para parte de la actual temporada.
De hecho, Venecian advirtió que el impacto más fuerte podría sentirse más adelante: “ese es un problema que lo más probable que lo vamos a empezar a sufrir a partir de agosto de este año”.
La presión política: una crisis que viene
Las intervenciones parlamentarias reflejaron con claridad la preocupación.
El diputado René Alinco fue directo: “no escuché ni leí la palabra emergencia”, y advirtió que “la crisis que viene, porque sí o sí viene”.
La diputada Gloria Naveillán planteó un efecto inmediato en la producción: “cada día que pasa sin medidas concretas, el agricultor toma la decisión de no sembrar”.
Y desde el oficialismo también hubo presión por mayor claridad. La diputada Sofía González cuestionó que la respuesta del Ejecutivo siga siendo “lo estamos evaluando, lo estamos revisando, estamos levantando información”, en un escenario que ya está impactando costos y decisiones productivas.
Más señal que solución
Con todos estos elementos, la exploración de Bolivia y Argelia debe leerse con cautela.
Ambas son opciones. Ambas están siendo evaluadas. Pero ninguna de las dos, por sí sola, tiene la capacidad de resolver el problema de fondo.
Chile enfrenta un mercado global tensionado, con fertilizantes más caros, tiempos de reposición largos y una agricultura que entra en su fase crítica de siembra con menor liquidez y mayor incertidumbre.
En ese escenario, las alternativas externas pueden ayudar a amortiguar. Pero no a revertir la tendencia. Bolivia puede vender urea a Chile. Argelia también. Pero en ambos casos, la pregunta no es si pueden vender, sino cuánto, cuándo y a qué costo.
Y hoy, ninguna de esas respuestas es lo suficientemente sólida como para garantizar estabilidad en el abastecimiento.
La señal del Gobierno apunta a diversificar riesgos. La realidad del mercado muestra que esos riesgos siguen ahí.