Por José Santelices | OFF THE RECORD
La candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas, ONU, se mueve en un terreno más complejo de lo que sugieren sus credenciales y de lo que desean sus seguidores.
Porque el problema no es su trayectoria. Es el contexto.
En círculos diplomáticos se asume que su nombre podría ser competitivo, pero no necesariamente viable. Y la razón no pasa solo por la posibilidad de un veto explícito de Estados Unidos, que sigue siendo un factor, sino por algo más determinante: la falta de un bloque claro que la empuje.
En la ONU, eso es decisivo.
No gana el mejor posicionado, sino el que logra navegar sin resistencias mayores entre las potencias. Y ahí es donde la figura de Bachelet empieza a mostrar límites.
EL FACTOR VENEZUELA
Su paso como Alta Comisionada dejó una marca ambivalente.
Por un lado, su informe sobre Venezuela fue uno de los más duros elaborados por la ONU en los últimos años, documentando ejecuciones extrajudiciales, represión sistemática y violaciones graves a los derechos humanos bajo el régimen de Nicolás Maduro .
Pero al mismo tiempo, su gestión fue criticada desde distintos frentes:
- Diversos sectores consideraron insuficiente su presión sobre el régimen.
- Desde distintas organizaciones denunciaron que sus recomendaciones no fueron implementadas.
- Sus declaraciones sobre “avances” en Venezuela generaron incomodidad política.
Ese doble registro, denuncia fuerte, pero manejo político moderado, dejó una percepción instalada: que su conducción fue más diplomática que confrontacional. Para muchos, alineada con algo así como el «estilo Bachelet». Y eso, en el tablero ONU, pesa.
EL JUEGO DE LAS POTENCIAS
Fuentes consultadas en el ámbito político y diplomático coinciden en algo: la elección no se resolverá en América Latina.
Se resolverá en otro nivel.
- EE.UU. no aparece alineado con su candidatura. Evidentemente.
- China mantiene distancia tras episodios como el informe sobre Xinjiang.
- Rusia estaría jugando su propia carta, promoviendo alternativas dentro de la región.
En ese escenario, incluso apoyos relevantes, como los de Brasil o México, pueden resultar insuficientes.
EL PROBLEMA DE FONDO
La dificultad de Bachelet no es necesariamente el rechazo. Es algo más silencioso. La suya no es la candidatura de nadie en particular. Y en la ONU, eso es crítico.
Porque sin un bloque que la haga inevitable, su nombre queda expuesto a quedar en el camino, más allá de su experiencia o trayectoria.