Por José Santelices | ECONOMÍA
La economía chilena muestra un escenario sin crisis visible, pero con un problema más complejo: la consolidación de un crecimiento débil que empieza a volverse estructural.
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Qué está pasando
La economía nacional en 2026 enfrenta un escenario de bajo crecimiento que comienza a consolidarse como tendencia.
No hay una crisis abierta. No hay desorden macroeconómico evidente.Pero eso no significa que el sistema esté funcionando bien.
El crecimiento sigue débil, la inversión no despega y las expectativas económicas permanecen contenidas. El resultado es un equilibrio frágil: estabilidad sin dinamismo. Chile no está cayendo, pero tampoco avanza.
Por qué importa
El bajo crecimiento no es solo un dato técnico. Tiene efectos concretos.
Sin expansión sostenida, el empleo se estanca, los salarios pierden impulso y las oportunidades de inversión se reducen.
Durante el último tiempo, el foco estuvo en controlar la inflación. Y en ese frente hay avances.
Pero ese logro empieza a mostrar su límite. El problema ya no es la inflación. Es el crecimiento.
El problema de fondo
El escenario actual no responde solo a factores externos. También hay elementos internos que explican el estancamiento.
La inversión sigue débil, en parte por incertidumbre regulatoria y falta de señales claras de largo plazo.
A eso se suma una estrategia económica que prioriza la estabilidad por sobre la expansión.
El gobierno ha optado por administrar el escenario más que por corregirlo.
El estancamiento deja de ser una anomalía y empieza a normalizarse.
Qué puede pasar
El mayor riesgo es que este escenario se prolongue.
Un país puede convivir con bajo crecimiento más tiempo del que parece, precisamente porque no hay una crisis que obligue a reaccionar.
Pero ese equilibrio tiene costos acumulativos.
Menor inversión hoy implica menor crecimiento mañana.
Y cuando el estancamiento se vuelve estructural, revertirlo exige cambios más profundos.
Salir de un ciclo de bajo crecimiento es siempre más difícil que evitar entrar en él.
La economía no enfrenta hoy una crisis tradicional. Enfrenta algo más complejo: un escenario de estabilidad sin avance. Y ese tipo de estancamiento, silencioso pero persistente, es el que termina definiendo el rumbo de largo plazo.