Por En-Off | OFF THE RECORD
El titular del Minvu combina terreno, conflicto y popularidad. Su choque con Hacienda mostró que no quiere ser un ministro más.
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Iván Poduje dejó de ser solo el urbanista de frases duras. En menos de dos meses en el Ministerio de Vivienda, se transformó en una figura con agenda propia, despliegue territorial y capacidad para tensionar al gabinete desde una cartera que suele operar lejos del epicentro político. El Minvu lo presenta como arquitecto de la PUCV, máster en Urbanismo de la UC, ganador del Premio Benjamín Vicuña Mackenna 2018 y autor de Chile Tomado y Siete Kabezas.
La semana pasada volvió al primer plano por dos flancos: la Ley de Humedales Urbanos y los recortes propuestos desde Hacienda. En ambos casos apareció el mismo patrón: Poduje no administra el conflicto, lo empuja.
No es un ministro silencioso.
De técnico urbano a actor político
Poduje construyó su marca pública desde el urbanismo, pero con una lectura política de la ciudad: campamentos, narcotráfico, tomas, deterioro barrial y ausencia del Estado.
En 2023, al publicar Chile Tomado, instaló su diagnóstico de que parte del territorio estaba fuera del control estatal.
Ese lenguaje conectó con una derecha que buscaba ordenar seguridad, vivienda y territorio bajo una misma narrativa. Pero también lo convirtió en una figura incómoda para los estilos más tradicionales del poder.
No llegó al gabinete como operador partidario. Llegó como técnico con relato.
El choque con Hacienda
El punto de inflexión fue su respuesta a las recomendaciones de Hacienda para revisar o recortar programas del Minvu. Poduje defendió la continuidad de pavimentos participativos y mejoramiento de condominios sociales, y marcó distancia con Jorge Quiroz: “tengo un solo jefe”, dijo, en referencia al Presidente José Antonio Kast.
Ese gesto tuvo dos lecturas. Para sus partidarios, fue defensa de políticas visibles para barrios y alcaldes. Para sus críticos, fue una señal de indisciplina en un gobierno que intenta ordenar el ajuste fiscal.
Poduje convirtió una minuta presupuestaria en una disputa de poder. Luego matizó: dijo que sí habría recortes, pero definidos por Vivienda, no impuestos desde Hacienda. Ahí está la clave: no rechazó el ajuste; rechazó perder control político sobre él.
Humedales, viviendas y tono
Antes del choque con Quiroz, Poduje ya había abierto otro frente al cuestionar la Ley de Humedales Urbanos por su impacto en proyectos habitacionales. La controversia escaló con el senador Alfonso de Urresti y alcanzó a la presidenta del Senado, Paulina Núñez. Después ofreció disculpas por la forma, pero mantuvo el fondo: compatibilizar vivienda y protección ambiental.
El episodio muestra su método: poner a las familias sin casa como argumento central, aun cuando eso implique tensionar al Congreso, a la oposición o a su propio sector.
Su riesgo es evidente. El mismo estilo que lo hace visible puede aislarlo.
Popularidad con costo
La paradoja es que las polémicas no lo han debilitado, al menos por ahora. Cadem lo ubicó entre los tres ministros mejor evaluados, con 55% de valoración positiva, detrás de José García Ruminot y May Chomalí.
Esa aprobación le da margen. Pero no inmunidad.
El ministro de Vivienda representa una figura cada vez más atractiva en política: el técnico que habla como candidato, se mueve como alcalde y confronta como panelista. La pregunta es si ese formato sirve para gobernar durante cuatro años o solo para instalar agenda durante los primeros meses.
Poduje entendió algo antes que varios en el gabinete: la vivienda ya no es solo una política social, sino una frontera de seguridad, orden territorial y legitimidad del Estado. Por eso incomoda. Porque no disputa solo presupuesto; disputa el relato del gobierno.