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Análisis: La captura silenciosa de la agenda pyme

Por José Santelices | OFF THE RECORD

Las grandes empresas ya no pelean con las pymes. Hablan en su nombre.

Durante años, el conflicto entre pequeñas empresas y grandes grupos económicos fue explícito. Las pymes acusaban abuso de posición dominante, plazos eternos de pago, precios impuestos y dependencia de compradores que concentraban el mercado. Hoy esa discusión casi desapareció del debate público.

No porque el problema se resolviera, sino porque cambió la forma de administrarlo.

La entrevista que la directora ejecutiva de Grande Pyme, Katia Trusich, dio hace unos días a EmolTV es probablemente la mejor expresión de ese cambio. Se habló de productividad, formación dual, SENCE, crédito tributario, formalización, simplificación regulatoria, capacitación y encadenamiento productivo. Todo muy razonable y técnicamente defendible.

Pero hubo una omisión demasiado grande para ser casual. Nunca apareció el problema del poder económico.

La agenda que evita nombrar el conflicto

Las pymes nacionales no solo tienen problemas de capacitación o acceso al financiamiento. Tienen, en muchos sectores, un problema estructural de poder de negociación.

Un proveedor pequeño no negocia con el retail: firma. Un productor agrícola acepta el precio que le informan. Un contratista depende de un único gran cliente. Un transportista subordinado a una cadena concentrada acepta condiciones porque no tiene alternativa real.

Ese conflicto desapareció completamente de la conversación.

En la entrevista, Trusich plantea que las pymes crecen cuando logran “encadenarse productivamente” con grandes empresas y que el foco debe estar en colaboración, coordinación y asociatividad público-privada.

La frase parece inocua. Pero revela una mirada completa del modelo económico: las pymes ya no aparecen como contraparte de la gran empresa. Aparecen como parte de su ecosistema.

Y esa diferencia importa, porque una cosa es fortalecer a las pymes para que negocien mejor. Otra muy distinta es fortalecerlas para que funcionen mejor dentro de cadenas dominadas por grandes actores.

La nueva agenda pyme no elimina el conflicto. Lo reemplaza por colaboración administrada.

Quién habla cuando hablan las pymes

Grande Pyme no es una federación histórica de pequeños empresarios ni un movimiento gremial nacido desde las bases productivas. Es una corporación impulsada por grandes empresas.

Su directorio está integrado por representantes de Abastible, Entel, BCI y SURA. Empresas Copec la describe como una plataforma creada por grandes compañías para articular el desarrollo pyme. Más recientemente se incorporaron actores como Cencosud y Aguas Andinas. Eso no prueba mala fe. Pero sí explica el marco de la conversación.

Una organización gobernada por grandes empresas difícilmente convertirá el problema del poder de mercado en el centro de su agenda pública. No hace falta censura. No hace falta coordinación secreta. La estructura ya define los límites de lo discutible.

La operación es bastante más sofisticada que una defensa empresarial tradicional. No consiste en atacar a las pymes. Consiste en hablar por ellas.

La élite de intermediación

La figura elegida para liderar la organización también ayuda a entender el fenómeno.

Ex subsecretaria de Economía del segundo gobierno de Michelle Bachelet, ligada históricamente al mundo PPD y hoy inserta en directorios y espacios empresariales, Katia Trusich representa a una generación tecnocrática que transitó desde el Estado hacia la articulación corporativa entre política y gran empresa.

No viene del mundo pyme tradicional. Viene del circuito regulatorio, empresarial y político de la transición. Y eso se nota en el lenguaje. En la entrevista no hay confrontación económica. Hay gobernanza, articulación, coordinación, colaboración público-privada y productividad. El conflicto desaparece detrás de conceptos técnicos.

Es la lógica clásica de la transición chilena: administrar tensiones antes que abrir disputas estructurales.

El problema que desaparece

El punto más llamativo no es lo que Grande Pyme propone. Es lo que deja fuera.

En Chile, la Fiscalía Nacional Económica mantiene decenas de investigaciones por abuso de posición dominante y mercados altamente concentrados. Sin embargo, la nueva agenda pyme prácticamente nunca habla de concentración económica, oligopsonios ni captura de rentas por parte de grandes compradores.

Habla de capacitación, de productividad y de ecosistemas. Pero nunca habla de quién fija o impone realmente el precio. Y ahí aparece el verdadero cambio político y cultural.

La antigua agenda pyme denunciaba abuso. La nueva agenda pyme administra convivencia.

La captura más inteligente

Tal vez ahí está una de las operaciones más inteligentes del gran empresariado en los últimos años. Entender que era más eficiente conducir la conversación pyme que enfrentarse a ella.

No bloquear el discurso, sino absorberlo. Transformar una agenda de conflicto económico en una agenda de articulación productiva. Convertir a la pyme desde actor potencialmente incómodo en proveedor integrado al ecosistema corporativo.

La nueva agenda pyme no niega el problema de la concentración económica. Hace algo más eficaz: lo vuelve invisible.