Por En-Off | ECONOMÍA
Mientras el Banco Central muestra que la masa monetaria sigue expandiéndose, la sensación cotidiana va en sentido contrario: no hay plata. La contradicción no está en la calle, sino en una economía donde el dinero existe, pero circula cada vez menos por abajo.
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La pregunta que falta en el debate económico
En Chile hay una frase que se repite en almacenes, ferias, reuniones familiares y conversaciones de oficina: no hay plata.
No es un eslogan. Tampoco es solo mal ánimo. Es una forma simple de describir algo que la macroeconomía suele mirar desde demasiado lejos.
Porque los datos agregados dicen otra cosa. El Banco Central informó que en abril de 2026 el M1 creció 6,2% anual, el M2 subió 4,5% y el M3 avanzó 8,0%. En castellano simple: la masa monetaria sigue creciendo.
Entonces la pregunta incómoda es evidente: si hay más dinero, por qué la gente siente que tiene menos.
Ahí está el punto. El problema no es solo cuánto dinero existe, sino dónde queda atrapado.
La plata existe, pero no circula igual
El propio Banco Central define los agregados monetarios como el dinero en poder del sector privado no bancario. M1 es el dinero más líquido: billetes, monedas, cuentas corrientes y cuentas a la vista. M2 suma depósitos a plazo. M3 agrega, entre otros instrumentos, depósitos en moneda extranjera y bonos.
Esa distinción importa.
No es lo mismo tener plata en la cuenta vista el día 25 del mes que tener patrimonio en depósitos a plazo, fondos, bonos o instrumentos financieros. En ambos casos hay “dinero” en la economía, pero no cumple la misma función social.
Para unos, el dinero sirve para pagar cuentas. Para otros, sirve para acumular rendimiento. Esa es la fractura que casi nadie nombra.
La inclusión financiera puede mostrar más cuentas, más productos y más bancarización. Pero eso no significa que haya más holgura real en los hogares. Una cuenta vista vacía no es prosperidad. Es apenas el recipiente de una escasez mejor digitalizada.
El plan económico mira arriba, no abajo
El proyecto de reconstrucción económica del gobierno tiene una lógica clara: reducir carga tributaria, mejorar incentivos, empujar inversión y apostar a que el crecimiento futuro ordene las cuentas.
No es una apuesta menor. El Consejo Fiscal Autónomo advirtió que el proyecto tiene déficit fiscal al menos hasta 2031, incluso considerando el efecto del mayor crecimiento. También señaló que los costos son más ciertos y los beneficios más inciertos, graduales y condicionales.
Dicho sin tecnicismos: el plan descuenta hoy ingresos seguros y espera mañana beneficios que pueden o no llegar. El riesgo político está ahí.
Porque una rebaja tributaria puede mejorar balances empresariales. Puede fortalecer expectativas. Puede ayudar a proyectos de inversión. Pero no asegura que la plata vuelva rápido a los hogares que están contando monedas antes de fin de mes.
La economía puede reactivarse arriba y seguir seca abajo. Ese es el problema que no cabe en el Excel.
La calle no está equivocada
Cuando la gente dice que «no hay plata», no necesariamente está contradiciendo al Banco Central. Está mirando otra parte de la realidad. La macro mide agregados. La calle mide disponibilidad. La macro mira cuánto dinero existe. La calle mira cuánto queda después del arriendo, la luz, el supermercado, la bencina, los remedios y las deudas.
Por eso la contradicción es solo aparente. Puede crecer la masa monetaria y, al mismo tiempo, sentirse menos dinero disponible en la vida cotidiana. Basta con que ese dinero se concentre en instrumentos menos líquidos, en patrimonios altos o en balances empresariales, mientras el ingreso corriente de los hogares sigue estrecho.
No falta dinero en la economía. Falta dinero circulando donde duele.
Y ahí el debate público llega tarde. Se habla de inflación, crecimiento, déficit, inversión y empleo. Todo eso importa. Pero falta una pregunta más básica: quién toca realmente la plata que las estadísticas dicen que existe.
El punto ciego de la reconstrucción
El plan del gobierno y del ministro Jorge Quiroz puede ordenar señales para el mercado. Puede intentar recuperar inversión. Puede buscar crecimiento. Pero si no responde a la liquidez cotidiana, dejará intacta la sensación más peligrosa de todas: que el país mejora en los indicadores, pero no en la billetera.
El CFA ya puso una alerta sobre la sostenibilidad fiscal. El Banco Central muestra que la masa monetaria crece. La calle, en cambio, está diciendo otra cosa.
Y quizá la calle está viendo antes que la política. El dinero no desapareció. Cambió de lugar. Se volvió más financiero, más concentrado, más distante de la vida diaria.
Ese es el verdadero off the record de la economía nacional: hay plata, pero cada vez menos gente la ve pasar. No se trata de si la masa monetaria crece. Se trata de por qué, creciendo, alcanza para tan pocos.