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Impuestos y deuda: la grieta fiscal que tensiona el plan económico de Kast

Por José Santelices | ECONOMÍA

El debate abierto tras la Cuenta Pública dejó expuesto el punto más vulnerable del Gobierno: prometer rebajas tributarias, austeridad y reconstrucción al mismo tiempo. La aritmética es incómoda. Si bajan los ingresos y sube el déficit, alguien paga la cuenta. Y normalmente la paga la deuda.

El Gobierno de José Antonio Kast quiere instalar una idea simple: bajar impuestos, reactivar la economía y ordenar las cuentas fiscales. Suena bien pero adolece de un problema: el Estado no se financia con consignas.

La discusión toma fuerza luego de que The Clinic recogiera el duro emplazamiento del exministro de Hacienda Andrés Velasco al Gobierno. La crítica apuntó al corazón del programa económico oficialista: bajar impuestos y encomendarse al crecimiento futuro no basta para sostener una política fiscal prudente.

Si el Gobierno reduce ingresos, reconoce un déficit mayor y al mismo tiempo pide autorización para endeudarse más, la pregunta deja de ser ideológica y pasa a ser aritmética. Y la aritmética, a diferencia del relato, no perdona.

La austeridad también necesita financiamiento

La contradicción es evidente.

Kast llegó al poder prometiendo orden fiscal. Su gobierno acusó cuentas mal calculadas, déficit subestimado y deuda proyectada por debajo de su trayectoria real. Sobre ese diagnóstico construyó una épica de corrección: La Moneda venía a sincerar el desorden heredado.

Pero el sinceramiento tuvo un costo político inmediato.

El Ejecutivo pidió al Congreso aumentar la capacidad de endeudamiento fiscal en US$6.200 millones para 2026. Hacienda explicó que no se trata de nuevo gasto, sino de una autorización para financiar obligaciones existentes, cubrir necesidades fiscales y reducir deuda flotante con proveedores.

La explicación puede ser técnicamente atendible, pero políticamente es brutal. Un gobierno que prometió apretar el cinturón tuvo que empezar pidiendo más crédito.

Ahí aparece la grieta. Porque una cosa es ordenar cuentas impagas y otra muy distinta es sostener, al mismo tiempo, que se puede bajar la recaudación sin deteriorar la posición fiscal.

La austeridad, cuando es seria, implica elegir. Y el Gobierno todavía no muestra con claridad qué está dispuesto a cortar para pagar la rebaja tributaria que quiere vender como motor del crecimiento.

El problema no es bajar impuestos, es vender magia

Hay una discusión legítima sobre la carga tributaria en el país. También hay argumentos razonables para revisar impuestos corporativos, destrabar inversión y corregir normas que castigan productividad.

Pero otra cosa es presentar la rebaja tributaria como si no tuviera costo y esa es la parte débil del relato oficial.

El Gobierno quiere hablar de crecimiento, pero el Congreso le está preguntando por financiamiento. Quiere hablar de reconstrucción, pero los técnicos miran déficit. Quiere hablar de austeridad, pero Hacienda acaba de pedir más espacio para deuda.

No es una crisis fiscal. Es algo políticamente más incómodo: una promesa económica enfrentada a la realidad presupuestaria.

Porque si el Ejecutivo quiere bajar impuestos, debe decir qué gasto reducirá, qué ingresos compensará o cuánto mayor endeudamiento está dispuesto a tolerar.

Lo demás es voluntarismo con membrete fiscal.

La deuda como límite del relato

Chile todavía conserva credibilidad financiera. No está en una emergencia de deuda ni enfrenta una pérdida inmediata de acceso a financiamiento, pero el margen se estrecha.

La deuda pública se acerca al umbral prudente y el déficit vuelve a ocupar el centro de la discusión económica. Ese dato cambia el tono del debate. Ya no basta con decir que el Estado gasta mal. Ahora hay que demostrar capacidad política para corregirlo.

Ese es el verdadero test del gobierno de Kast. No si puede criticar la herencia recibida. Eso ya lo hizo.

El desafío del Ejecutivo es si puede gobernar sin convertir su programa económico en una suma de deseos incompatibles: menos impuestos, más gasto pendiente pagado, menor déficit, más reconstrucción y deuda contenida. Todo al mismo tiempo.

La cuenta que el Gobierno todavía no muestra

El debate tributario recién comienza, pero ya dejó una primera certeza: el Gobierno no podrá sostener indefinidamente su relato económico solo con promesas de crecimiento.

Si quiere bajar impuestos, debe mostrar la cuenta completa.

Si quiere endeudarse más, debe explicar cómo estabilizará la trayectoria fiscal.

Y si quiere hablar de austeridad, debe empezar a ponerle nombre y apellido al ajuste.

La economía no castiga las ideas audaces. Castiga las cuentas que no cierran.