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Presidente Kast y la CPC abordan inversión, empleo y crecimiento en reunión en La Moneda

Por En-Off | ECONOMÍA

La reunión entre el Presidente y la CPC no fue un gesto protocolar. Ocurrió mientras el Gobierno consigue una primera victoria legislativa para su plan económico y el gran empresariado vuelve a poner sobre la mesa su agenda: permisos, inversión, contratación y competitividad. El desafío es que esa coincidencia deje de ser discurso y se traduzca en empleo formal.

La reunión que importa por su momento

El Presidente José Antonio Kast recibió esta semana a la Confederación de la Producción y del Comercio. En apariencia, una reunión más entre La Moneda y el gran empresariado, pero era algo más.

La cita ocurrió mientras el Senado aprobaba en general el proyecto de Reconstrucción Nacional y Desarrollo Económico y Social, la principal apuesta legislativa del Gobierno para reactivar la inversión, reducir trabas regulatorias, mejorar la competitividad tributaria y contener el deterioro fiscal.

La CPC llegó a La Moneda con una agenda proempleo mientras el Gobierno necesitaba algo más importante: respaldo.

La coincidencia no es menor. Kast requiere que su proyecto deje de parecer una promesa de campaña con nombre de ley. La CPC necesita que sus demandas históricas, menos permisos, más certeza, menores costos y mayor flexibilidad, entren al debate legislativo con prioridad política.

Es una relación de necesidad mutua.

El empresariado ya tiene una agenda

La CPC presentó propuestas para facilitar la contratación, ampliar la participación laboral, fortalecer habilidades y adecuar la legislación a cambios tecnológicos y demográficos.

También insistió en acelerar proyectos que, según el gremio, están en condiciones de partir pero siguen detenidos por permisos, trámites o incertidumbre regulatoria.

El diagnóstico empresarial es conocido: Chile no crece porque invertir demora demasiado; no genera empleo porque contratar cuesta más; no despega porque la regulación se volvió más lenta que la economía.

El problema es que el diagnóstico no equivale todavía a una solución.

Destrabar permisos puede acelerar proyectos, pero no reemplaza la demanda, el financiamiento ni la disponibilidad de trabajadores con las competencias necesarias. Facilitar contratación puede ayudar a formalizar empleo, pero también abre una discusión inevitable sobre condiciones laborales, protección social y poder de negociación.

La CPC no llegó a La Moneda a pedir una política de empleo neutra, sino que llegó a defender una idea de crecimiento que exige que el Gobierno transforme su discurso proinversión en reformas concretas.

El empleo no espera la ley

La urgencia de la conversación está en los datos.

La tasa de desocupación llegó a 9,1% en el trimestre febrero-abril. La fuerza de trabajo creció más que el empleo y la informalidad sigue representando una parte relevante del mercado laboral.

No es una crisis abierta, pero tampoco es un mercado laboral en recuperación.

Ese es el punto que vuelve relevante la reunión con la CPC. La discusión ya no puede quedarse en cuántos proyectos están detenidos ni en cuántos permisos faltan por aprobar.

La pregunta es cuándo esas decisiones se convierten en nuevos puestos de trabajo, y ahí la economía impone sus tiempos. Una reforma tributaria puede cambiar expectativas, una ley de permisos puede reducir demoras y una señal política puede mejorar confianza. Pero una inversión no se ejecuta en una semana.

El Gobierno necesita mostrar que entiende esa diferencia. Porque si promete empleo inmediato a partir de una reforma que todavía está en discusión, la expectativa puede transformarse rápidamente en frustración.

El Senado aprobó la idea, no el resultado

La aprobación en general en el Senado le dio oxígeno al Ejecutivo, pero no le entregó una victoria definitiva.

El resultado fue estrecho. Y eso anticipa que la discusión particular será más dura, especialmente en los aspectos tributarios, laborales, ambientales y fiscales.

El proyecto mezcla reconstrucción, crecimiento, inversión, permisos, construcción y ajuste del Estado. Esa amplitud le permite al Gobierno presentar una respuesta integral, pero también lo vuelve más vulnerable porque cada capítulo tiene adversarios distintos.

La oposición cuestionará el costo fiscal de las rebajas tributarias. Sectores laborales mirarán con desconfianza cualquier fórmula que pueda debilitar derechos o abaratar despidos. Organizaciones ambientales resistirán una simplificación regulatoria que parezca desproteger territorios.

La CPC puede ayudar a ordenar el argumento económico, pero no puede resolver la disputa política.

La caja sigue siendo el límite

El Gobierno y el empresariado comparten una convicción: sin inversión no habrá crecimiento suficiente para recuperar empleo, mejorar salarios ni ordenar las cuentas públicas.

El problema es que la caja fiscal ya está estrecha. El Consejo Fiscal Autónomo ha advertido que los efectos del proyecto deben analizarse junto con las proyecciones fiscales actualizadas, las nuevas metas y el plan de corrección frente al desvío fiscal.

Es una advertencia que La Moneda no puede ignorar porque la competitividad tributaria tiene costo. La reconstrucción tiene costo. La inversión pública tiene costo. Y la contención del gasto también tiene límites cuando el Gobierno promete no tocar beneficios sociales.

La reunión con la CPC mostró que el Ejecutivo tiene respaldo en el mundo empresarial.

Lo que todavía debe demostrar es algo más difícil: que puede financiar su agenda, aprobarla en el Congreso y convertirla en empleo sin abrir una nueva brecha fiscal.

El respaldo ya está, faltan resultados

Kast logró algo relevante: instaló una alianza visible entre su proyecto económico y las principales organizaciones empresariales del país. Pero eso es solo el inicio.

La economía no se reactiva porque los actores coincidan en un salón de La Moneda. Se reactiva cuando los proyectos empiezan, cuando el crédito fluye, cuando la inversión se ejecuta y cuando las empresas vuelven a contratar.

La CPC entregó al Gobierno una hoja de ruta; el Gobierno debe demostrar que tiene algo más que voluntad para recorrerla.

Porque si el empleo no mejora y el crecimiento sigue bajo, la reunión quedará como una foto de respaldo empresarial y no como el comienzo de la ansiada recuperación.