Redacción de En-Off | Economía Fácil
En el marco del Año Internacional de las Cooperativas, Chile ha dado señales concretas de que este modelo de organización productiva vuelve a ocupar un lugar estratégico en su política económica.
Con más de 2 mil cooperativas activas y más de 2 millones de personas asociadas, el gobierno anunció un plan de apoyo por más de $1.300 millones destinado a fortalecer a 67 de ellas con asistencia técnica, financiamiento y herramientas de gestión.
Más allá de la cifra, el dato revela una tendencia de fondo: el cooperativismo está dejando de ser un concepto marginal o meramente comunitario, y comienza a posicionarse como un mecanismo real de inserción y competencia en el mercado, especialmente para sectores históricamente rezagados.
¿Qué distingue a una cooperativa de una empresa tradicional?
La esencia del modelo está en tres principios:
- Propiedad colectiva: no hay un único dueño, sino socios que comparten riesgos y beneficios.
- Gestión democrática: cada persona tiene un voto, sin importar cuánto capital aporte.
- Finalidad social y económica a la vez: las utilidades no se maximizan para inversionistas, sino que se reinvierten o distribuyen equitativamente.
Esto se traduce en un esquema que combina eficiencia productiva con cohesión social. Si está bien gestionado, el cooperativismo puede ofrecer productos y servicios competitivos, sin sacrificar los principios de equidad y sostenibilidad.
Una forma de competir en mercados dominados por grandes actores
El modelo cooperativo ofrece ventajas estructurales que pueden ser muy importante para pequeñas y medianas economías locales:
- Economía de escala sin concentración de poder: al agrupar fuerzas, los socios acceden a mejores precios, financiamiento y canales de distribución.
- Resiliencia ante crisis: diversos estudios muestran que las cooperativas tienen tasas de supervivencia superiores a las pymes tradicionales.
- Flexibilidad territorial: pueden adaptarse al entorno local y atender mercados de nicho sin perder su gobernanza.
En sectores como la agricultura, la pesca artesanal, el comercio o la energía renovable, las cooperativas han demostrado que pueden competir, innovar e incluso exportar.
Las claves del impulso 2025
El plan del gobierno contempla:
- Financiamiento directo de hasta $25 millones por cooperativa.
- Asesoría en gestión, comercialización y transformación digital.
- Apoyo en procesos de formalización y expansión internacional.
Pero no todo está resuelto. La profesionalización de la gestión, el acceso a mercados y la articulación con cadenas de valor siguen siendo desafíos importantes. Sin capacidad técnica ni liderazgo, muchas cooperativas quedan atrapadas en modelos poco sostenibles o dependientes de subsidios.
Un modelo con futuro, si se moderniza
El cooperativismo no es solo una estrategia de subsistencia; puede ser una vía de desarrollo territorial, económico y tecnológico, si se gestiona con estándares modernos.
En un contexto de creciente concentración de mercado y precarización laboral, las cooperativas pueden ofrecer algo distinto: participación, buenos empleos y eficiencia.
El desafío no es menor: convertir al cooperativismo en una opción válida para competir, no solo para resistir. Y eso requiere algo más que fondos públicos: requiere visión, estrategia y decisión política de largo plazo.