Por En-Off | Análisis
El pasado mes de junio, el embajador ruso en Chile, Serguéi Netcháyev, afirmó que “el nuevo mundo multipolar cobra fuerza”, en una entrevista publicada por Crónica Digital. Aunque presentada como una simple reflexión geopolítica, la declaración es parte de una ofensiva comunicacional más amplia del Kremlin. En ese esfuerzo, Chile se ha transformado, al menos en lo simbólico, en una pieza útil para amplificar su relato. Y algunos medios nacionales, voluntaria o inconscientemente, están sirviendo como plataforma para esa estrategia.
Una narrativa funcional a Moscú
La idea de un «nuevo orden multipolar» es central en la retórica de la política exterior rusa. No es una tesis nueva, pero sí una que cobra renovada fuerza en un contexto global tensionado por guerras, transiciones energéticas y desconfianza hacia las instituciones multilaterales.
Bajo este discurso, Rusia intenta justificar sus acciones en Ucrania, sus pactos con gobiernos autoritarios, y su rechazo a las reglas del orden internacional construido tras la Guerra Fría.
Pero más que describir una tendencia geopolítica real, la afirmación del embajador ruso busca instalar una narrativa alternativa: una donde las acciones de Moscú aparecen como legítimas respuestas a un sistema injusto. El problema es que esa “multipolaridad” muchas veces encubre atropellos al derecho internacional, represión interna, y expansión de zonas de influencia sin respeto por la autodeterminación de los pueblos.
América Latina, terreno fértil para el relato
Chile, históricamente alejado de las órbitas de poder euroasiáticas, ha comenzado a aparecer en el radar discursivo del Kremlin. La razón no es diplomática, sino comunicacional.
Rusia ha desplegado una intensa estrategia de influencia en América Latina, especialmente a través de medios digitales y redes sociales. En esa operación, medios afines a una visión antioccidental, cumplen un rol táctico: amplifican el discurso ruso sin contexto ni contraste, erosionando la mirada crítica de parte de la opinión pública.
La entrevista a Netcháyev no fue una excepción. En ella, el embajador presenta la multipolaridad como un proceso inevitable y positivo, sin que se le cuestionen las implicancias democráticas, ni mencione la invasión a Ucrania, las sanciones internacionales, o la represión dentro del propio territorio ruso. El resultado es una pieza más cercana a la propaganda que al periodismo.
Chile y su lugar en el mundo
Nuestro país ha sostenido, con distintas administraciones, una política exterior basada en el respeto a los derechos humanos, el multilateralismo democrático y la economía abierta. En ese contexto, la instalación de una narrativa impulsada por potencias autoritarias debería ser observada con atención. Más aún si esa narrativa se difunde sin crítica en medios locales, aprovechando los vacíos editoriales y la creciente polarización.
La pregunta de fondo es si Chile está preparado para enfrentar este tipo de influencia blanda. Porque más allá de las declaraciones diplomáticas, lo que se está disputando es el terreno de las ideas, el relato sobre el orden global, y la legitimidad de los actores que buscan redefinirlo.
El rol de los medios: no todo vale
En tiempos de desinformación sistémica, los medios tienen la responsabilidad de filtrar, contextualizar y contrastar. No se trata de censurar voces, sino de ejercer el criterio editorial mínimo que exige la ética periodística. Reproducir sin filtros el discurso de una potencia en guerra, con serios cuestionamientos democráticos, es una irresponsabilidad.
Rusia quiere instalar su relato global. Pero si los medios no son capaces de distinguir entre análisis y propaganda, lo que está en juego no es solo la calidad del debate público, sino también nuestra soberanía comunicacional.