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BRICS: el bloque que desafía el orden económico global

Por José Santelices | ECONOMÍA FÁCIL

En medio de un mundo multipolar en gestación, el bloque BRICS, formado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, ha emergido como un actor importante en el intento por reconfigurar las relaciones internacionales.

Nacido como una apuesta por una mayor equidad en el sistema global, hoy busca presentarse como contrapeso a la hegemonía occidental, impulsando una arquitectura financiera y política alternativa.

Pero aunque sus cifras impresionan y su discurso resuena en el llamado “Sur Global”, su poder real está tensionado por contradicciones internas, diferencias estratégicas y una débil institucionalidad común.

¿Qué es el BRICS?

El término BRICS alude a un grupo de economías emergentes que comenzaron a coordinar posiciones desde mediados de los 2000.

En 2010, Sudáfrica se unió a los cuatro miembros fundadores: Brasil, Rusia, India y China. Aunque no es una alianza militar ni un bloque económico cerrado, el BRICS funciona como un foro político y económico de coordinación estratégica entre potencias no occidentales.

Su objetivo declarado es claro: impulsar un mundo multipolar, con mayor participación de los países en desarrollo en las decisiones globales. Para ello, ha promovido mecanismos como el Nuevo Banco de Desarrollo (NDB) y el Acuerdo de Reservas de Contingencia, instrumentos que buscan ofrecer alternativas al FMI y al Banco Mundial.

Su peso global

  • Demografía: el BRICS representa cerca del 42% de la población mundial.
  • Economía: aporta alrededor del 30% del PIB global ajustado por poder adquisitivo, y su participación en el comercio mundial ha crecido aceleradamente.
  • Recursos naturales: Rusia, Brasil y Sudáfrica concentran enormes reservas de petróleo, gas, minerales estratégicos, agua y tierras agrícolas.

En conjunto, constituyen una fuerza gravitacional económica y geopolítica que ya no puede ser ignorada.

La apuesta por la desdolarización

Uno de los puntos más ambiciosos del BRICS es reducir la dependencia del dólar en sus transacciones comerciales.

Se han planteado iniciativas para crear sistemas de pago alternativos, comerciar en monedas locales y, en el largo plazo, establecer una moneda común. Aunque por ahora son ideas más políticas que operativas, expresan una voluntad clara de modificar las reglas del sistema financiero internacional.

Las grietas internas

Pese a la retórica de unidad, el BRICS es un bloque profundamente fragmentado:

  • China e India mantienen disputas fronterizas, rivalidades geoestratégicas y modelos económicos divergentes.
  • Rusia, sancionada y aislada por la guerra en Ucrania, presiona al grupo hacia un alineamiento más duro con Occidente, que India y Brasil no comparten.
  • Brasil y Sudáfrica son democracias con vínculos históricos con Estados Unidos y Europa, lo que genera tensiones diplomáticas dentro del grupo.
  • La falta de una institucionalidad sólida —no existe una secretaría permanente ni mecanismos de resolución de conflictos— limita su capacidad para tomar decisiones vinculantes.

En otras palabras, el BRICS funciona más como una plataforma discursiva que como una alianza operativa coherente.

Expansión: ¿fortaleza o debilidad?

La invitación a nuevos países como Arabia Saudita, Irán, Egipto, Argentina y Etiopía ha abierto una nueva etapa para el BRICS. Si bien amplía su legitimidad y su alcance geográfico, también multiplica las contradicciones internas: regímenes autoritarios conviven con democracias frágiles; países con agendas opuestas en energía, seguridad y comercio comparten ahora el mismo espacio.

Esto puede dar volumen geopolítico al grupo, pero al costo de diluir su cohesión.

En relación a Argentina, cabe señalar que fue invitada formalmente a unirse al BRICS en agosto de 2023, durante la cumbre del bloque celebrada en Johannesburgo, Sudáfrica. Esa invitación fue aceptada por el gobierno de Alberto Fernández, y la incorporación estaba prevista para enero de 2024.

Sin embargo, con la llegada de Javier Milei a la presidencia, el nuevo gobierno renunció a integrar el BRICS. La canciller argentina, Diana Mondino, lo confirmó oficialmente en diciembre de 2023, señalando que la política exterior de Argentina no iba en la dirección de alianzas con regímenes autoritarios, en referencia directa a países como China, Rusia o Irán.

¿Un nuevo orden global?

El BRICS no busca replicar el modelo occidental, sino crear uno alternativo: con mayor autonomía financiera, más representación para el Sur Global, y una narrativa anti-hegemónica que cuestiona el liderazgo de Estados Unidos y Europa. No es menor que el bloque tenga eco en América Latina, África y Asia, donde muchos países ven en él una esperanza frente al tutelaje neoliberal.

Sin embargo, su efectividad dependerá de su capacidad para superar sus contradicciones, institucionalizar su funcionamiento y generar resultados concretos más allá de las declaraciones.

El BRICS no es un bloque homogéneo ni libre de tensiones. Pero representa el síntoma de una transformación global en curso: el fin del orden unipolar y el ascenso de nuevas potencias que exigen voz y voto en las decisiones globales.

Su desafío no es menor: convertirse en un actor articulado, creíble y funcional. Si lo logra, el BRICS podría no solo disputar el poder, sino también cambiar las reglas del juego.