Por Marcelo Soto
En un rincón de la Región de Coquimbo, una pequeña radio local automatiza titulares con inteligencia artificial. A 2.000 kilómetros, un medio digital en Aysén usa un bot para redactar notas breves. En ambos casos, los editores afirman que es “una ayuda”, pero también reconocen un riesgo: perder el alma del periodismo.
Desde hace varios meses, el uso de herramientas de inteligencia artificial (IA) en medios regionales ha dejado de ser una anécdota tecnológica para convertirse en una tendencia silenciosa.
Frente a la caída de los ingresos por publicidad, la escasez de periodistas en sus plantillas y la presión por publicar con rapidez, varios medios locales han comenzado a integrar soluciones de IA generativa para automatizar parte de su contenido. La promesa: eficiencia, ahorro de tiempo y una producción informativa “suficiente” para mantener presencia digital.
Pero, ¿es esta una respuesta sostenible a la crisis del periodismo regional? ¿O estamos frente a una precarización aún más aguda del ecosistema informativo fuera de Santiago?
Una crisis estructural que empuja a la automatización
El fenómeno no es nuevo. La descapitalización de los medios locales en Chile lleva más de una década.
Según datos del Consejo Nacional de Televisión y del Ministerio de las Culturas, más del 70% de los medios regionales —radios, periódicos y portales— funcionan con menos de cinco personas en su equipo. Muchos sobreviven gracias a fondos concursables, convenios con municipios o trabajo voluntario.
“Antes teníamos un redactor, un editor y un periodista en terreno. Hoy somos dos personas para todo, y el software nos ayuda a mantener la web viva”, explica bajo reserva el encargado de contenidos de un medio digital en el Maule. Desde abril, este portal usa una versión gratuita de ChatGPT para generar resúmenes de comunicados de prensa. “No es periodismo de investigación, pero al menos informamos”.
IA al servicio de la producción “mínima viable”
En este contexto, la IA aparece como una tabla de salvación. El uso más común es la generación de notas automatizadas a partir de boletines municipales, partes de prensa policial o publicaciones en redes sociales. También se emplea para redactar titulares, crear tuits o traducir contenido.
“Estamos en un momento de transición. Hay medios que ya dependen de la IA para sostener su volumen de publicaciones”, afirma un periodista a cargo de un medio digital en el norte del país. “Pero el problema es que muchas veces lo hacen sin supervisión, sin edición, y sin una mínima verificación. Ahí es donde aparece el riesgo”.
El fenómeno se extiende. En regiones como Biobío, Los Ríos y Magallanes, radios comunitarias y portales informativos están usando herramientas como Notion AI, Wordtune, Copy.ai y Google Gemini para optimizar flujos de trabajo. Algunos incluso exploran interfaces de voz con locutores virtuales.
¿Ayuda o atajo? Los dilemas éticos
Más allá de lo operativo, hay una pregunta de fondo: ¿puede la IA reemplazar el criterio periodístico? La respuesta, para la mayoría de expertos, es no.
“La inteligencia artificial puede redactar, pero no puede comprender el contexto político de una licitación trucha, ni entrevistar a una dirigenta, ni oler que algo no cuadra”, dice Jorge Pérez, periodista de investigación que trabajó años en radios regionales. “Lo que estamos viendo es una sustitución del periodista por el algoritmo en las tareas más básicas. Eso debilita el rol crítico de los medios”.
También hay alertas sobre la reproducción acrítica de información institucional. Muchas notas generadas por IA se basan en textos oficiales —municipalidades, carabineros, seremis— y no incluyen contrapuntos ni chequeo independiente. “Es el periodismo de copy-paste, ahora automatizado”, ironiza Pérez.
El riesgo de una doble precarización
La paradoja es que, en lugar de resolver la precarización del periodismo, la IA podría profundizarla. Menos periodistas contratados, más dependencia de herramientas externas, y contenidos genéricos que no construyen comunidad ni democracia.
Si no se regula el uso de IA en medios, vamos a tener portales repletos de contenido artificial, sin rostro, sin profundidad, sin alma. Y lo más grave: sin rendición de cuentas.
Por ahora, no hay marcos normativos claros en Chile para el uso de IA en medios. Ni exigencias de transparencia, ni límites sobre qué se puede automatizar y qué no.
El Colegio de Periodistas ha planteado la necesidad de discutir una ética de la inteligencia artificial en el oficio. Pero todo avanza más lento que los algoritmos.
Alternativas posibles: uso estratégico, no sustitutivo
Sin embargo, no todo es negativo. Algunos medios están explorando usos complementarios de la IA, sin desplazar a sus periodistas. Por ejemplo, en la Región de Los Lagos, un portal vecinal usa IA para ordenar bases de datos municipales y generar visualizaciones interactivas. En Tarapacá, una radio comunitaria la emplea para subtitular entrevistas y traducir contenidos al quechua.
“El problema no es la IA. El problema es cómo se usa”, sentencia Jorge Pérez. “Si se convierte en una prótesis para un modelo ya debilitado, va a terminar por liquidarlo. Pero si se incorpora con conciencia editorial, puede ser una herramienta poderosa para el periodismo local”.
La disyuntiva está planteada: ¿la inteligencia artificial como solución para sostener medios regionales o como una trampa que consolida su vaciamiento?
En un país con brechas profundas de información y representación territorial, lo que está en juego no es solo la eficiencia: es el derecho a una información con rostro humano, mirada local y conciencia crítica.