Por Don Anacleto
Fue diputada, senadora, ministra de Estado, alcaldesa, estudió economía y hasta es políglota. Tiene más credenciales que muchos de los que hoy aspiran a La Moneda. Pero en esta campaña, Evelyn Matthei parece estar protagonizando una estrategia diseñada por su peor enemigo.
Tiene el currículum para ser presidenta, pero no la narrativa. Y eso, en política, se paga caro. Mucho pero poca chispa.
Matthei puede explicarte el sistema de pensiones en alemán, hablar del PIB sin siglas raras y dar cátedra de macroeconomía con una mano amarrada. Pero en la cancha electoral eso no basta. El votante no solo quiere experiencia; quiere conexión, relato, alguien que no solo sepa, sino que sienta lo que dice.
Como alcaldesa de Providencia, fue efectiva, directa, resuelta. Implementó mejoras visibles en seguridad, recuperación de espacios públicos y gestión local. Tenía estilo, carácter, calle. Era la «súper power» que muchos querían ver en La Moneda.
Pero hoy, sus propuestas son técnicas, bien armadas… y frías como pan de molde recién salido del refrigerador. Nadie duda de que sabe, pero da la impresión de que la campaña no tiene alma. Ni hambre. Ni épica.
Cuando las convicciones se doblan (pero no se rompen, dicen)
Un día afirma que el Golpe del 73 fue “necesario” para evitar que Chile se convirtiera en Cuba. Otro día matiza. Un día se desmarca de los Republicanos por redes sociales. Otro, sonríe en un cóctel con quienes la acusaban de izquierdosa.
El resultado: el votante no sabe si está viendo a la Evelyn firme o a la Evelyn en modo yoga electoral.
¿Y su equipo? ¿Apoya o sabotea?
A estas alturas, no está claro si sus asesores quieren que gane o que pase piola. Cada vez que Matthei tropieza, la dejan sola o la corrigen públicamente. Desde su propio partido, la UDI, ya la bajaron en 2021 para favorecer a Lavín, y en 2013 la dejaron compitiendo con monedas contra la maquinaria de Bachelet.
Y ahora, aunque la UDI la ungió oficialmente, desde Renovación Nacional hay cuchicheos abiertos. Algunos ya coquetean con Kast. Otros insinúan que si no remonta en encuestas, debería dar un paso al costado. Un verdadero sabotaje elegante.
¿Y el pueblo? Se le va de a poco.
Las encuestas más serias la ubican hoy cuarta. Por debajo de Kast, Jara… y Parisi. Sí, ese Parisi, el que hace lives desde Alabama.
Y mientras tanto, ella sigue sin marcar un solo golpe contundente. La señora Juanita, que antes la veía como la jefa sensata, hoy duda. Porque ni siquiera ella entiende si Evelyn está peleando con la derecha, contra la izquierda o con su propio equipo.
Conclusión dulce y amarga
Matthei no es una improvisada. Tiene todo para liderar. Pero su campaña parece diseñada para agradar a todos y, al final, no enamora a nadie.
Cuando se necesita firmeza, aparece moderación. Cuando se espera épica, ofrece PowerPoint. Cuando se requiere calle, responde con tecnocracia.
Y mientras otros lanzan frases con fuerza, conectan con la gente y construyen personajes, ella sigue explicando que la economía no se arregla con slogans.
Tiene razón. Pero en política, también hay que saber contar un buen cuento.