Por Marcelo Soto
El mundo rural parece habla cada vez más fuerte. Durante años, sus voces resonaron aisladas, ahogadas entre campos cada vez más vacíos y pueblos que se apagan lentamente. Pero esta vez sonaron unidas. La reunión nacional de Agricultores Unidos, realizada el pasado 2 de agosto por videoconferencia, parece ser un retrato vivo de un país profundo que siente que el modelo económico actual lo ha dejado atrás.
“Nuestros campos eran la fábrica de los pueblos. Hoy esa fábrica está apagada, pero la vamos a volver a prender. Porque sin agricultura no hay futuro, y sin justicia para el que produce, no hay país posible”, dijo al abrir la sesión Camilo Guzmán, presidente de Agricultores Unidos.
Eran más de las siete de la tarde cuando comenzaron a conectarse agricultores desde distintas regiones, O’Higgins, El Maule, Los Ríos, La Araucanía, entre otras. Algunos lo hicieron desde sus casas, otros desde galpones y bodegas, con la señal de internet rural a ratos inestable. Pese a la distancia, el tono fue cercano, casi íntimo. Todos compartían la misma sensación: la crisis del agro ya no es solo económica, es también social y cultural.
Testimonios de un campo que se apaga
La reunión se transformó rápidamente en un mosaico de testimonios que revelan la profundidad del problema. Nicolás Larenas, prestador de servicios agrícolas en O’Higgins, relató que su familia pasó de trillar más de 700 hectáreas a solo 300. “Ya no hay siembra, no hay cosecha, no hay transporte. Todo se está parando”, dijo con crudeza.
Más al sur, Juan, productor lechero de la región de Los Lagos, confesó que ha visto vecinos enviar sus vacas a faena porque ya no pueden alimentarlas. “Cada vaca que se va es trabajo que desaparece, es tristeza en el pueblo”, señaló.
En El Maule, Juan Baeza, tomatero, ofreció un ejemplo que refleja la desproporción del mercado: hoy recibe $80 por un kilo de tomate, mientras que la salsa que se produce con ese mismo tomate puede venderse hasta 19 veces más cara. “Lo que llaman libre mercado es mentira. Esto es abuso organizado”, dijo sin rodeos.
El testimonio de Iván, vendedor de insumos agrícolas en Rancagua, aportó la mirada comercial: la caída de las siembras afecta la venta de semillas, fertilizantes y maquinaria, y repercute en toda la economía local. “Cuando el campo se apaga, se apagan todos los negocios del pueblo”, resumió.
Los relatos coinciden en una idea que se repitió como un eco: el modelo agrícola chileno está roto. «La combinación de precios de miseria, concentración de poder de compra y falta de regulación efectiva está dejando al país sin producción y a los pueblos rurales sin futuro», señala a En-Off Camilo Guzmán, quien, además recalca que «somos el 30% de Chile, un país agrícola que paradojalmente importa el 70% de los alimentos. En años no se hizo nada por el campo, por eso hoy Agricultores Unidos representa al 95% de los productores nacionales, que ven en nosotros una oportunidad para visiblizar y trabajar por sus necesidades».
El cuestionamiento al modelo y a los gremios tradicionales
Más allá de las historias individuales, la reunión tuvo un objetivo claro: poner en cuestión la estructura que sostiene a la agricultura chilena. Agricultores Unidos sostiene que lo que se presenta como libre mercado es, en realidad, una trampa organizada: pocas empresas concentran el poder de compra, fijan precios y condiciones, y dejan a los productores trabajando a pérdida.
La crítica también apuntó a la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA) y sus gremios asociados, a los que acusan de representar los intereses de las grandes industrias y no de los agricultores de base. El episodio más reciente se vivió el 7 de julio en la Comisión de Agricultura del Congreso, donde estos gremios rechazaron el proyecto de ley de granos y bloquearon la exposición de Agricultores Unidos.
“Invitamos a un debate público, técnico y transparente. Que Chile vea quién está con el que produce y quién con el que especula”, advirtió Guzmán ante los presentes.
Los acuerdos: del diagnóstico a la acción
Lejos de quedarse en la denuncia, la reunión terminó con un plan de acción. Agricultores Unidos acordó:
- Convocar en agosto una reunión ampliada que sume a transportistas, panaderos y comerciantes rurales para fortalecer la red de apoyo territorial.
- Reunirse con alcaldes de las comunas agrícolas para socializar el diagnóstico y buscar alianzas locales que frenen el apagón económico de los pueblos.
- Impulsar la creación de una Agencia Nacional de Reindustrialización del Agro, como herramienta estructural para recuperar la capacidad productiva del campo chileno.
El mensaje final fue de unidad y de fuerza:
“Hoy demostramos que el campo no está dormido. Nos organizamos, nos hablamos de frente, y vamos a seguir. Esto no lo para nadie”, concluyó Guzmán.
Un país que debe escuchar al campo
Lo ocurrido en esta reunión es más que un reclamo gremial. Es el reflejo de una fractura social que avanza silenciosa: pueblos que se vacían, economías locales que se apagan y un país que se arriesga a perder su seguridad alimentaria.
El diagnóstico está sobre la mesa: el modelo agrícola ha generado riqueza para unos pocos mientras empuja a la mayoría de los productores a la subsistencia o al abandono. El llamado de Agricultores Unidos no es solo a defender un sector económico, sino a resguardar la base de la vida rural y el futuro alimentario del país.
El reloj corre. Y el campo exige que alguien escuche antes de que sea demasiado tarde.