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Bolivia: elecciones en medio de crisis económica, fractura política y descontento social

Por José Santelices

La campaña electoral en Bolivia avanza bajo un clima de incertidumbre inédita en dos décadas. A menos de dos semanas de las elecciones presidenciales, el país enfrenta un triple desafío: una economía debilitada, una clase política fragmentada y un malestar social latente que amenaza con desbordar en cualquier momento.

Un país en tensión económica

Bolivia atraviesa su peor crisis económica en años.

  • La inflación acumulada supera el 38 %.
  • El dólar paralelo prácticamente duplica al tipo de cambio oficial.
  • La escasez de combustibles, divisas e incluso alimentos, ha generado largas filas y un mercado negro en expansión.

En este escenario, las promesas de los candidatos chocan con la realidad fiscal: el Estado carece de recursos para sostener los subsidios que durante años sostuvieron artificialmente al modelo del MAS.

Fractura política y fin de hegemonías

El Movimiento al Socialismo llega debilitado:

  • Evo Morales fue inhabilitado por el Tribunal Constitucional, desatando bloqueos y protestas que dejaron seis muertos.
  • Andrónico Rodríguez, candidato oficialista, además de sus propias debilidades, enfrenta divisiones internas y cuestionamientos por la patética gestión de Luis Arce.

Mientras tanto, la oposición, con figuras como Samuel Doria Medina y Jorge “Tuto” Quiroga, no logra un frente único, alimentando la incertidumbre sobre una segunda vuelta inevitable. La falta de un liderazgo real es evidente.

Malestar social y riesgo de estallido

La sociedad boliviana vive entre la movilización y la fatiga.

  • Los cocaleros leales a Morales mantienen bloqueos y presión en rutas estratégicas.
  • En las ciudades, predomina el cansancio social y la desconfianza hacia toda la clase política.

El país se encuentra sobre un polvorín social, donde la violencia de mayo y junio demostró que cualquier chispa puede desatar un conflicto de mayores dimensiones.

Claves del proceso electoral

  1. Crisis económica profunda que condiciona cualquier propuesta.
  2. Fin de la hegemonía del MAS tras casi 20 años de dominio.
  3. Oposición fragmentada que favorece un escenario de segunda vuelta.
  4. Tensión social permanente, con riesgo de conflictividad postelectoral.

En este contexto, Bolivia enfrenta una elección definitoria, donde no solo se juega el cambio de gobierno, sino la capacidad del país para encauzar su crisis sin caer en una nueva espiral de inestabilidad.