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Alaska 2025: la reunión que podría reconfigurar el tablero global

Por Claudia Awad, abogado | OFF THE RECORD

En el tablero de la geopolítica, esta es una pelea de perros grandes. El próximo 15 de agosto, dos superpotencias nucleares —Estados Unidos y Rusia— se sentarán frente a frente en una cumbre que promete ser tanto histórica como incómoda.

Quienes siguen los movimientos estratégicos internacionales saben que existe una máxima repetida por analistas: quien controle las fronteras entre Europa y Asia controlará el siglo XXII. Europa y la OTAN buscan expandir su influencia hacia el Este; Rusia, al menos, intenta conservar lo que considera su esfera natural de control. La colisión de estos intereses convierte cualquier negociación en un laberinto, y para problemas complejos no existen soluciones simples.

¿Por qué Alaska?

El escenario sorprende: Alaska. Tierra de petróleo, atravesada de norte a sur por un oleoducto que aporta de forma decisiva al PIB estadounidense. Un lugar que fue territorio ruso hasta que Estados Unidos lo compró en 1867 y que, todavía hoy, conserva huellas visibles de esa herencia: iglesias ortodoxas, costumbres y un sutil aire euroasiático que convive con el estilo norteamericano.

La geografía aquí es más que simbólica. Alaska y Rusia son vecinos íntimos: las islas Diomedes, separadas por apenas 3,8 kilómetros, representan una frontera mínima pero cargada de historia. Una de ellas es rusa, la otra estadounidense, y entre ambas pasa la línea internacional de cambio de fecha (de usos horarios): 21 horas de diferencia horaria en menos de cuatro kilómetros.

No parece casual que la reunión se celebre allí. Más allá de las razones logísticas anunciadas oficialmente, es probable que se busque enfatizar lo que une más que lo que divide.

Lo que está (y no está) sobre la mesa

Si hay algo no negociable para Rusia, sería impedir que Ucrania ingrese a la OTAN, junto con su desmilitarización. También se mencionan ofertas rusas que incluirían el reconocimiento de territorios actualmente ocupados, el levantamiento de sanciones, la reanudación del comercio de petróleo y gas, y, en paralelo, la continuación de la ayuda militar estadounidense a Kiev.

El presidente ucraniano Volodímir Zelenski es, en este contexto, una incógnita. No está claro si asistirá y, quizás, tampoco sea central que lo haga. La agenda trasciende a Ucrania.

Uno de los puntos clave debiera ser la renovación o sustitución del Tratado de control de armas nucleares vigente (START), que expira en febrero de 2026. Además, circulan versiones sobre posibles inversiones conjuntas en el Ártico, una región cada vez más codiciada por sus recursos y su importancia estratégica.

China, el tercer vecino

No se puede ignorar a China, otro actor geográficamente cercano y con vínculos históricos con Alaska según ciertas teorías sobre el poblamiento de América. Desde medios rusos, se asegura que Xi Jinping ve con buenos ojos este acercamiento entre Washington y Moscú. En cambio, en Occidente predomina el silencio, lo que podría interpretarse como un gesto de cautela o de recelo frente a un posible realineamiento geopolítico.

¿Se abre la puerta a un orden tripolar? El politólogo mexicano Alfredo Jalife-Rahme ha sugerido que podríamos estar presenciando el inicio de un G-3. Nada es definitivo, pero en geopolítica, lo único imposible es descartar lo improbable.