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Cuando Ormuz se tensiona, el mundo igual paga la cuenta

Por José Santelices |
Periodista. Analista político y en geopolítica.

La reapertura del estrecho de Ormuz no debería confundirse con normalidad. El paso sigue operativo, pero bajo condiciones frágiles, con mayores costos de seguros, incertidumbre logística y control político sobre una de las rutas energéticas más sensibles del planeta. Por allí circula una parte decisiva del petróleo y del gas natural licuado que mueve a la economía mundial.

El error más común es pensar que esta crisis solo importa por el precio del petróleo. No es así. Cuando Ormuz se tensiona, sube el costo de la energía, pero también se encarece el transporte marítimo, aumentan las primas de riesgo y se golpean mercados tan sensibles como el de los fertilizantes. Desde ahí, la presión se traslada a la cadena alimentaria y termina llegando al bolsillo de los consumidores.

Para Chile, esto no es un problema lejano. Somos una economía abierta, importadora de combustibles y muy expuesta a shocks externos. Aunque no dependamos directamente del Golfo para abastecernos, sí dependemos de precios internacionales, del costo del transporte y de un tipo de cambio sensible a la incertidumbre global. Eso significa una cosa: la geopolítica también se traduce en inflación importada.

La crisis de Ormuz vuelve a mostrar algo que muchos prefirieron olvidar: la globalización no eliminó la fragilidad, solo la hizo más eficiente. La pandemia, la guerra en Ucrania y ahora Medio Oriente han revelado lo mismo: basta que un punto estratégico se tense para que el impacto se propague por todo el sistema.

Por eso, lo que ocurre en el Golfo Pérsico no debe leerse solo como una noticia internacional. Es una advertencia. En un mundo cada vez más cruzado por conflictos, sanciones y rivalidades de poder, la seguridad energética, la logística y el precio de los alimentos dejaron de ser asuntos técnicos. Son parte de la nueva geopolítica cotidiana.

Y cuando Ormuz se tensiona, aunque no llegue a cerrarse por completo, el mundo igual paga la cuenta.