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IPoM de junio: el Banco Central enfría el relato de la recuperación

Por Claudio Espinosa | ECONOMÍA

El nuevo Informe de Política Monetaria recorta la proyección de crecimiento para 2026, sube levemente la inflación esperada y deja al Gobierno frente a una señal incómoda: la economía crecerá menos, el consumo pierde fuerza y el gasto público aparece sosteniendo una parte mayor del cuadro.

El IPoM de junio no instala una crisis, Pero sí enfría el relato de recuperación. El Banco Central redujo con fuerza su proyección de crecimiento para 2026. En marzo esperaba que la economía avanzara entre 1,5% y 2,5%. Ahora el rango baja a 1%–1,75%.

La corrección no es menor y el mensaje es claro: la economía nacional está creciendo menos de lo previsto y el primer trimestre fue peor de lo que el escenario oficial esperaba. La explicación técnica apunta a sectores ligados a recursos naturales: minería, agricultura, pesca y menor turismo receptivo. Pero el efecto político es más amplio.

Una economía que parte el año débil deja menos espacio para promesas grandes.

Menos crecimiento significa menos holgura fiscal, menos margen para rebajas tributarias, menos empleo dinámico y más presión sobre el Gobierno.

El consumo privado pierde fuerza

El dato más sensible no está solo en el PIB, sino que está en el consumo de los hogares. El Banco Central advierte que los fundamentos del consumo privado se han deteriorado. Hay débil creación de empleo, más informalidad, menor impulso de los salarios reales por el alza inflacionaria y expectativas golpeadas por el shock externo.

En simple: los hogares sienten menos espacio para gastar. Eso importa porque el consumo privado venía siendo uno de los soportes de la actividad. Si pierde fuerza, la recuperación deja de descansar en las familias y empieza a depender más de otros motores.

Ahí aparece una señal incómoda: el consumo público gana peso.

El informe reconoce un mayor empuje del gasto fiscal para 2026, en línea con las nuevas proyecciones de finanzas públicas. Es decir, mientras el consumo privado se modera, el gasto del Estado ayuda a compensar parte del cuadro.

Para un gobierno que quiere hablar de austeridad, no es un dato menor.

Inflación: el golpe del petróleo sigue presente

La inflación tampoco entrega un alivio completo. El Banco Central subió su estimación de IPC a diciembre desde 4% a 4,2%. La razón principal está en el precio del petróleo y en los efectos del conflicto en Medio Oriente sobre los costos de producción.

La buena noticia es que el Banco Central mantiene su expectativa de convergencia hacia 3% durante el segundo trimestre de 2027. La mala noticia es que esa convergencia será más lenta de lo que la política necesita.

Mientras la inflación siga sobre la meta, el alivio de tasas será limitado. Y si las tasas no bajan con fuerza, el crédito, la inversión y el consumo seguirán operando con freno.

Ese es el punto central. La inflación no está descontrolada, pero sigue condicionando toda la política económica.

La inversión mejora, pero no alcanza para este año

El IPoM también trae una señal mixta en inversión.

Para 2026, el Banco Central redujo la proyección de crecimiento de la formación bruta de capital fijo desde 4% a 2,2%. Es una rebaja fuerte y refleja una economía que todavía no despega en el corto plazo.

Pero hacia 2027 el cuadro mejora. La proyección de inversión sube a 5%, apoyada por mejores perspectivas de proyectos y por un precio del cobre más alto.

Ese dato le da al Gobierno una ventana. Puede intentar construir sobre la inversión una narrativa de recuperación futura. Pero no resuelve el problema inmediato: 2026 será más débil, más estrecho y más dependiente de que los proyectos efectivamente se ejecuten.

La inversión prometida no paga las cuentas de hoy.

La TPM queda en modo espera

El Banco Central mantuvo la Tasa de Política Monetaria en 4,5%. La decisión confirma que no habrá un ciclo rápido de alivio monetario mientras el escenario siga cargado de incertidumbre.

El Consejo fue claro: la evolución de la TPM se evaluará reunión a reunión. Eso significa que la política monetaria queda en pausa vigilante. No endurece más, pero tampoco entrega al Gobierno un empujón inmediato.

La economía queda atrapada en una zona incómoda: crecimiento bajo, inflación sobre la meta, consumo debilitado y tasas todavía restrictivas. No es recesión abierta, pero tampoco es recuperación robusta.

El problema político del IPoM

El IPoM deja una foto difícil para La Moneda. La economía crecerá menos este año y la inflación cerrará más alta. El consumo privado pierde fuerza, la inversión mejora recién hacia adelante y el gasto público aparece empujando más de lo previsto.

Ese cuadro tensiona el relato económico del Gobierno porque si el crecimiento no llega rápido, las promesas de rebaja tributaria, austeridad y recuperación quedan sometidas a una pregunta simple: con qué caja se harán.

El Banco Central no hace política pero sus números sí tienen consecuencias políticas. Y los números de junio dicen algo incómodo: Chile no está entrando en una fase de expansión clara, sino en una transición frágil, dependiente del petróleo, del cobre, de la inversión futura y de una política fiscal que ya tiene poco espacio para equivocarse.

La conclusión es directa: el Gobierno puede seguir hablando de recuperación, pero el IPoM le puso letra chica al relato.