Por Juan Baeza | Vicepresidente de Agricultores Unidos.
Acá en el Maule, el que quiere saber cómo le va a un negocio no pregunta en la municipalidad. Pregunta en el banco. El banquero ve las cuentas de la panadería, de la ferretería, del contratista y de la fábrica. Sabe antes que nadie quién gana plata y quién la pierde. Por eso, cuando el banco deja de prestarle a un rubro, no está opinando. Está dando un diagnóstico. Y cuando deja de prestarle a casi todos los rubros al mismo tiempo, el diagnóstico ya no es de un negocio. Es del país.
Eso es lo que muestran los números de los propios bancos. Hay una página que empezó a circular entre agricultores, basanos.info que junta los datos oficiales que la banca le reporta al Estado, y cada cifra trae el enlace a su fuente. Ahí está, mes a mes desde 2005, a quién le prestan los bancos en Chile, medido en UF para comparar lo mismo con lo mismo.
Catorce años perdidos
En catorce años, los bancos sumaron a sus préstamos casi 1,900 millones de UF nuevas. ¿Y adónde llegó esa plata? De cada 100 UF nuevas prestadas desde 2012, 64 se fueron a créditos hipotecarios. 27, al negocio financiero e inmobiliario: plata prestada para mover plata y ladrillos. 3, al consumo. ¿Y cuánto le llegó a toda la economía que produce cosas, la minería, la industria, el comercio, la construcción, el transporte, la energía, el campo, la pesca? Seis. Seis de cada cien.
Y ojo con el detalle: los doce rubros que producen están hoy, todos, bajo su mejor momento. La pesca recibe 62% menos crédito que en su punto más alto. La madera, 53% menos. La minería, 45% menos. La fruta, 42% menos. La industria, 31% menos. La agricultura y la ganadería, 28% menos. La construcción, 28% menos. El comercio, 19% menos. No es un mal año. No es un rubro con problemas. Es toda la economía real, al mismo tiempo.
¿Y adónde se fue la plata?
Al arriendo. El crédito hipotecario creció 119% desde 2012 y llegó a mayo de 2026, a su punto histórico más alto. Es el único que no ha caído nunca.
La plata prestada al negocio financiero e inmobiliario casi se duplicó. Y llegamos a esto: el banco presta más para comprar propiedades que a toda la economía productiva junta. En 2012 era la mitad. Hoy la superó.
Léalo de nuevo, porque es el retrato de un modelo: en este país conviene más ser dueño de algo que producir con ese algo. Conviene más cobrar arriendo que fabricar, construir, transportar o sembrar.
Y ni siquiera eso es mercado: es respirador
Ahora veamos el detalle que completa el cuadro. Ese único crédito que crece no se sostiene solo. Desde fines de 2024, el Estado subsidia la tasa de los créditos para vivienda nueva -50.000 cupos- y, además, les firma una garantía por hasta el 60% del valor de la propiedad.
Hay otro programa público que avala al que llega con solo el 10% de pie. ¿Resultado? Cerca de 30.000 créditos ya cursados, los cupos casi agotados, las ventas de casas y departamentos nuevos subiendo 20%, y el gremio de la construcción pidiendo que el subsidio se amplíe.
Es decir, la única rama del crédito que marca récords es la que tiene al Fisco poniéndole la tasa y firmándole la garantía. Ahí el banco no está midiendo si el negocio es bueno. Está prestando con el aval de todos los chilenos. Y que quede claro: nada contra la familia que compra su casa. Bien por ella. El problema no es ese. El problema es que en Chile el crédito ya no premia al que produce. Premia al que tiene garantía. Y la mejor garantía la firma el Estado.
El banco no es el villano: es el termómetro
Sería fácil enojarse con los bancos pero sería un error. El banco presta donde hay margen y futuro. Si no presta donde se produce, es porque ahí ya no hay margen. ¿Y por qué no hay margen? Porque en rubro tras rubro el que produce le vende a un solo comprador, o a dos o tres que se conocen bien, y el precio no lo pone la competencia: lo impone el que domina. El productor queda sin margen. El banco lo ve en las cuentas. Y se corre. Eso no es libre mercado. Es una cancha torcida. Y el banco, que mide mejor que nadie, solo está midiendo la inclinación.
Esto es lo que debería quitarles el sueño a los políticos que llevan años discutiendo reformas sin tocar la concentración económica, y a los controladores de las grandes empresas, que celebran sus resultados mientras el crédito a su propia cadena se seca. Un país donde el banco solo se atreve a prestar contra un ladrillo, y con aval fiscal, es un país que dejó de creer en su gente. Se lo digo derechamente.
Nosotros no pedimos un subsidio espejo para la fábrica, el comercio o el campo. Pedimos lo contrario: terminar con los subsidios y las distorsiones, porque el subsidio lo termina pagando siempre el más pobre. Que las instituciones que existen para defender la competencia hagan su pega todos los días: muchos comprando, muchos vendiendo, precios que se formen y no se impongan. El día que producir vuelva a ser negocio, la plata vuelve sola. Ningún banquero se arranca de un buen cliente.
Y no me crea a mí. Entre a basanos.info y compruébelo usted mismo: cada cifra tiene el enlace a su fuente oficial. Mientras la revisa, recuerde quién paga este modelo: lo pagamos todos los chilenos, en menos pega, en comida más cara y en un país que se acostumbró a vivir del arriendo en vez de vivir del trabajo.